Mi buzón de correo me pide a gritos un lavado de estomago; tiene una intoxicación de sobres misteriosos. Asumo el papel de sanitario, giro la llave levemente y una explosión de promesas a incumplir inundan el rellano de la escalera. Como puedo, las recojo y entro en casa.Conecto la radio en un dial cualquiera, enciendo la tele en un canal a voleo, abro la prensa sin mirar por dónde e incluso de reojo le doy un tiento a la hoja parroquial y… ¿qué nos encontramos? Campaña Electoral a diestro y siniestro.
La cabeza me da vueltas. ¡Te vamos a dar…! , ¡Trabajo para…! , ¡Deducciones fiscales por…! , ¡Mejor sanidad…! , ¡Viviendas para…! , ¡Aumento de salarios…! y un sinfín de historias más.
Un gran baile de caras sonrientes pululan a mi alrededor y sobre ellos, cual única aureola, una frase atribuida, creo, a Groucho Marx: “Soy un hombre de principios y si no les gustan…, no se preocupen que tengo otros”.
¡Apaga y vámonos!
Por estas, esas y aquellas promesas, decido iniciar mi particular jornada de reflexión ante los modernos filibusteros, de momento, con un gráfico eslogan.
Para el día 22… ¡ya veremos!

