Amanece un nuevo día. El mar, se tiñe del dorado que el sol derrama, al intentar atravesar una barrera de nubes.Unos pescadores de piel curtida; realizan su dura rutina diaria.
No muy lejos, en el Hierro, en el Mar de las Calmas, no hay tal; un rugir de tripas particular, anuncia una erupción volcánica submarina. Entendidos y no tanto; se desplazan al lugar, para dar sus “opiniones”; los de siempre, la gente de a pie, reza para sus adentros, para que tal dolencia no la deriven a la Seguridad Social, pues estarían abocados a una lista de espera y quizás mañana; mañana sea tarde.
La calma en estos mares; hoy es relativa.

