Nunca hubo una comunidad, con unos inquilinos de tan acusada personalidad; como la 13, Rue del Percebe.
El moroso del ático, el caco del tercero, los niños terribles, la anciana amante de los animales, el sastre, el veterinario, el científico loco, la dueña de la pensión y sus inquilinos, la portera, el tendero y el señor de la alcantarilla.
Tal es la manera característica de pensar, actuar o sentir de los personajes y de la propia comunidad en conjunto; que de largo, la distinguen entre otras. Claro ejemplo es, cuando por circunstancias un tanto surrealistas; descubren en el fondo de la alcantarilla, un enorme yacimiento de gasolina de 98, (y digo gasolina, no petróleo) que vendieron superbién, a una multinacional del ramo.
Con la pasta gansa, la susodicha comunidad; puso pies en polvorosa, antes de que se descubriera, que el yacimiento no era tal, sino continuas filtraciones de una refinería próxima.
Hasta hoy, su paradero era desconocido. Eso sí, siguen viviendo todos juntos, en un exquisito edificio; donde además comparten dependencias con otros personajes tan particulares y entrañables como: La familia Ulises, La abuelita Paz, Superlopez, Mortadelo y Filemón, Carpanta, Las Hermanas Gilda, Don Pio, Angelito Gugú, El Caco Bonifacio, La familia Cebolleta, Petra criada para todo, Zipi y Zape, Dª Urraca, Anacleto agente secreto, Pepe Gotera y Otilio, Rompetechos y otros cuantos más, que no recuerdo.
Todo esto, lo sé de buena tinta; me lo conto el Botones Sacarino y un tal Sr. Merkel, administrador de la tan peculiar, 13, Rue del Percebe; una calurosa tarde de verano en la ciudad de, de, de, (quuuue latra, ia se ma buetro atascrar el treclado).

