El día que firmé el pacto con Mariano, le infravalore; le ofrecí demasiados incentivos por cumplir objetivos y en cuatro decretazos, verdades a medias o no tan verdades, quítate tú, pá ponerme yo, ha superado con creces todas mis expectativas. Tengo aseguradas las franquicias, en un tanto por ciento muy elevado. La mano de obra, no me será un gran obstáculo; esta gente siempre se vende al mejor postor, sobremanera con un puesto perpetuo, incluso en el más allá (aunque se, de muy buena tinta, que cada vez está más acá). Qué gran idea lo de la prima de riesgo; un montaje tan bien elaborado, que nadie es capaz de descubrir, que el riesgo en sí, son los propios mangatarios, mandatarios o cómo diantres se diga. Me froto las manos con azufre, saco chispas con el rabo, poco queda para que este país sea un autentico infierno; eso sí, globalizado. Es lo que hay. Cuando las barbas de tu vecino veas cortar…
Mi nombre no importa mucho, simplemente soy un mero (¡ya sé que soy un pato!) narrador, de los aconteceres cotidianos del parque donde vivo y estoy exactamente, detrás de Kachka; el verdadero protagonista de esta historia.
Le trajeron al estanque central, hace algo así como unos siete meses y desde el principio, siempre marco diferencias, derivadas de sus propios conflictos internos. El nombre, se lo pusimos entre todos; tenía serios problemas al graznar, pues emitía un raro y a la vez curioso kac, kac, muy por encima de la sonora nota del cua, cua. Si a eso le añadimos, que siempre nos relataba sus historias de preciosos estanques dorados, entre una lucha permanente de lo imaginado o de lo fantástico en lo real, envueltos en una atmósfera muy cercana a los sueños, con halos de miedos y temores ante su propia existencia; el nombre le venía como anillo al dedo. Aunque nada tiene que temer; por su personalidad y estilo tan particular al deslizarse sobre las aguas, unido a su belleza oculta, le auguramos un futuro prometedor, quizás… en una obra de ballet, cuyo título podría ser: El Lago de los Cisnes. Que así sea.